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Sacate la careta, que te quiero conocer...

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   Otra vez llegamos a esta época del año. Y una vez más nos parece que todo tiempo pasado fue mejor. No por un simple capricho nostálgico, no. En este caso, se trata de la simple constatación de que el Carnaval ha pasado desapercibido. Como hace ya tantos, tantísimos años...

   En tiempos de Jacinta Pichimahuida, el Carnaval era toda una institución. Lo marcaban los bailes de los diferentes clubes de barrio, el corso de Avenida de Mayo, la alegría real o forzada de cada rostro, de cada corazón, de cada hombre, mujer o chico.Las fiestas Carnestolendas estaban señaladas con piedra blanca en el almanaque y se festejaban con la algazara propia de la circunstancia. Era tiempo de caretas, para cubrir los rasgos cotidianos, de chanzas algo pesadas, de "jugar con agua" pasando por encima de las protestas de los damnificados, de sentirse en un momento donde la fantasía avasallaba a la razón, y el Angel Gris se la ganaba a los refutadores de leyendas pese a toda su pompa y circunstancia.

 

   En todo caso, el Carnaval nunca pasaba desapercibido. Estaba. Y el Rey Momo hacía sentir el poderío de su monarquía en todos los espíritus. En tiempos de todas las Jacintas. En los años 20', en los cincuenta, en los sesenta, en los setenta, en los ochenta... hasta hoy. Hoy ya no hay gritos de purretes en la vereda, ni bombitas de agua, ni disfraces, ni bromas pesadas. El Carnaval es, pero ya no existe. Los chicos lo ignoran y los adultos hacen como si nunca lo hubieran conocido. Parece que las risas absurdas de las Carnestolendas se hubiesen borrado para siempre.

         Atrás quedaron las carcajadas de Meche disfrazada de Prima Ballerina, de Canuto personificando al pirata Barbarroja, de Cirilo jugando a ser cantor de Charleston , de Etelvina, bonita como un ángel pavonéandose en traje de "dama antígua". ¡Qué desdibujados se ven sus padres, hamacándose al ritmo de un  tangazo en los bailes de Ferrocarril Oeste o la mutual del Barrio del centro! Y se acabaron las gracias de empapar a los amigos desde el balcón, volcando sobre ellos un implacable baño helado. Todo esto fue costumbre de décadas, y cuando las segundas y terceras Jacintas asomaron a la radio y a la pantalla chica, lejos de desaparecer, se enriqueció con nuevos aportes. La revista "Anteojito", desde sus páginas, promocionaba un pomo para salpicar alegremente a nuestros conocidos... pero el pomo tenía la forma perfecta de un chocolatín. Tan bien hecha estaba la réplica, que podía tomarse por una golosina verdadera... ¡Pero ojo con acercarse porque el alegre chorrito que nos apuntaba a los ojos pronto nos hacía cobrar conciencia de que no se trataba precísamente de un sabroso "Aero"! Otras veces, la publicación acompañaba el Carnaval con serpentinas de varios colores y tamaños, caretas, sugerencias de disfraces, historias de celebraciones del pasado. Desde aquella "Caras y Caretas" de 1913 ofreciendo un antifaz que tenía la forma de la parte superior del rostro de Julio Argentino Roca, los medios no habían hecho sino sumarse a las festividades de fines de Febrero.

   Hasta hoy; hasta hoy...¡Ay!

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      Pese a los artificiales intentos de resucitar el Carnaval que hacen los progres creando comparsas indigenistas pretendidamente "populares", la fiesta decae, como toda nuestra cultura. Los chicos ya no se arrojan "Bombuchas" en los barrios, ni se desilusionan cuando al tratar de inflar una "bien gorda", ésta revienta por exceso de agua... Las comparsas de Avenida de Mayo son utilizadas políticamente y, de todas formas, poca gente puede acercarse a ellas, desde que el subte corre hasta horas demasiado tempranas, viajar en colectivo tarde en la noche implica sus riesgos y no se puede agarrar el auto porque tomarse un vasito de vino es pecado tremendo castigado por las fuerzas de seguridad (aunque las drogas, desde luego ,se admiten y de ningún modo son prohibidas). Por otra parte, la alegría se va muriendo. La matan día a día a fuerza de colonialismo yanqui, problemas económicos insolubles y falta de espiritualidad. Hasta Meche hubiera llorado a gritos de tocarle vivir el estado de cosas por el que transitamos.

   No hay ya bailes de Carnaval, ni bombas de agua, ni disfraces, ni tan siquiera las ganas de seguir por televisión el Carnaval de Río, antes despliegue de imaginación y grandeza, ahora, pura pornografía enmascarada en lentejuelas y carrozas cada vez más suntuosas, más altas, más poderosas. La vernácula expresión de Gualeguaychú, más bien deprime, porque lejos de intentar una propuesta local, se inclina a copiar el modelo fluminense. Hasta la alegre Meche lloraría apoyada en el hombro de "la Jacinta" al ver en qué se ha convertido una de las fiestas más esperadas por todos los chicos.

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                               Triste y solitaria queda la Avenida de Mayo, llena de papel picado pero a oscuras, tras un Bicentenario sin entusiasmo ni color, tras un Carnaval que no fue.

   No es de extrañar , sin embargo: la monarquía ha sido abolida en buena parte de la tierra. ¿Era tan extraño que el Rey Momo se quedara también sin reinado?

   Vanesa.

 

FOTOS: Todas pertenecen al domínio público y han sido tomadas de internet.

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Comentarios Sacate la careta, que te quiero conocer...

Hola Vane!!! Coincido plenamente con vos en cada una de tus miradas respecto del carnaval. Definitivamente perdió el componente sociocultural y barrial que tenía hasta 1975, en donde la cuestión era casi una autoconvicatoria y los pibes salíamos disfrazados a la calle por la noche y jugábamos en los corsos barriales y en los bailes de los clubes. Hoy perdió esa mística que construyó la sociedad argentina en torno a este festejo. Una pena realmente.
Ricardo Ricardo 02/03/2011 a las 11:54
Hola, Ricardo:

                                         ¡Qué felicidad Ricardo! Ya es algo que alguien coincida conmigo en este tema del carnaval. Bueno, en realidad debo hacer una confesión: la otra noche, hablando con mis viejos acerca del tema, llegamos a esta conclusiones también.

                                             ¡Cómo se extrañan aquellos tiempos! Y no estoy hablando del tiempo de Matusalén, sino de los años 70 y 80...

                                              Un beso
                                              Vane.
Hola Vane, 
                          Muy buena la nota sobre el carnaval. Cuanta razon tenes. Este es un tema del que siempre hablamos para esta fecha, el como se ha perdido la tradicion del carnaval. Todo lo que describis es tal cual. Recuerdo de chico, en el barrio, los juegos con agua, no solo los chicos, sino tambien los adultos, tiempos en que se podia salir a jugar a la calle y dejar las puertas abiertas. Por las noches, recuerdo los corsos, a los que tanto nos gustaba ir. Cuando visitabamos a mi abuela en Pilar, me llevaban junto con mi hermano y mis primas a los corsos que se hacian en el centro comercial. Pediamos que nos compraran el sachet de agua perfumada (la espuma en aerosol era un lujo al que pocas veces accediamos) y con ella arremetiamos contra los  del sexo opuesto que se acercaran a nuestra edad. Recuerdo tambien que una amiga nos enseñó a truchar los sachets, rellenandolos con agua nuevamente y sellando la punta con un fosforo o encendedor, a riesgo de chamuscarnos los dedos. Los corsos eran una gran fiesta, con las comparsas, las familias sentadas en las mesas de los bares y pizzerias en la vereda. Los desfiles de carrozas con la eleccion de la reina, las comparsas y murgas, que para nosotros niños, era como estar en las comparsas de Rio. Eso si, nunca logre que mis padres me llevaran disfrazado al corso (alquilar o comprar uno no estaba dentro del presupuesto familiar), solo llevabamos un antifaz o careta, los disfraces improvisados quedaban para las fiestas que haciamos con los chicos en el barrio. De adolescente, recuerdo los bailes de carnaval del club, a donde iban los cantantes de moda, recuerdo que en uno que fui canto, nada mas y nada menos que Julio Iglesias. En fin, creo que estas fechas hacen revivir nuestros recuerdos de aquellos carnavales. Tal vez algun dia puedan llegar a renacer de sus cenizas como realmente eran, para delicia de todos.
Dario Dario 09/03/2011 a las 07:08
Hola, Darío:

                                     Lindísmos recuerdos...
                                     A mí, el carnaval solía agarrarme en "La Felíz", donde íbamos con mis abuelos paternos en febrero. La pasabamos muy bein arrojándonos bombitas de agua con cuanto chico nos saliera al paso, lo conocieramos o no. Mi hermano la iba de justiciero. Cuando me mojaban a mí, él perseguía al agresor con su espuma en aerosol, para desquitarse. No recuerdo si era cara o barata, pero veranear con los abuelos tiene el privilegio de que generalmente, ellos te dan todos los gustos...Y más también.

                                          Llegué a ir a algún corso de Avenida de Mayo también , aunque ya los conocí algo venidos a menos. Al último, teniendo yo ocho años, fui vestida de princesa, con un vestido hecha de la tela sobrante del tapiz de un sillón y un sombrero de cartulina y tul estilo "Hada Patrícia". Me divertí mucho. Regresé en subterráneo línea "A" a casa de mi abuela en Caballito (en esos días, todavían corrían como hasta las cuatro de la mañahna los fines de semana y feriados), comiendo un helado de tacita, con cucharita de madera. No sabía que sería el último carnaval de Avenida de Mayo al que asistiría.

                                           Ojalá, Darío, se dé lo que vos decís y algún día nuestros hijos y nietos puedan disfrutar de algo tan especial como los antíguos carnavales, sencillos como la serpentina y el papel picado, porteñazos como los sones de las típicas de Cadícamo y Troilo y frescas como el impertinente chorro de lanzaperfumes o el estallido de una "Bombucha".

                                              Vanesa.

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