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Jacinta Pichimahuida; entre realidad y ficción

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   Jacinta Pichimahuida ¿Cuánto de ficción y cuanto de realidad se ocultan en esta sencilla trama de la avispada maestrita y su grupo de inquietos estudiantes? Lo necesario, creemos nosotros, como para mantener el interés del público en pie durante más de seis décadas.  Las dosis justas de ambos ingredientes han sido utilizados por Abel Santa Cruz y sus colaboradores a la hora de hacer de la historia de "la Jacinta" algo imperecedero y recordado por generaciones.

 

   Por supuesto, se trata en un principio, de una historia verídica: Jacinta Pichimahuida narra las vivencias escolares del mismo Abel Santa Cruz en la escuela Roca y en ella se traza la semblanza de varios de sus compañeros de grado, animándosele también nuestro hombre a resumir en pocas palabras la cultura de los tempranos años 20' y hasta a ejercer un sano derecho a crítica contra cuanta hipocresía se le atravesara en el camino. Todo esto es cierto y puede disfrutarse de un modo especial en su libro "Cuentos de Jacinta Pichimahuida", recopilación - por cierto incompleta - de los relatos cortos con el mismo tema que aparecieron a fines de los años 30' en la revista "Patoruzú", pero también es verdad que la forma en la que Don Abel eligió llevar su pequeña maravilla al público, es ficcional. No me refiero a los hechos, casi todos enteramente verídicos, sino a la glamorización de los mismos por parte de la narrativa del autor y el cierre de cada pequeño capítulo con su conclusión y moraleja, algo que sin ser necesariamente falso, sólo puede ser dado cuando los años traen experiencia y una visión de perspectiva sobre el pasado que necesariamente debenestar ausente al momento de vivir la situación, sobre todo si quien la vive es un chico.

 

   A la hora de trasladar a Jacinta y a sus chicos a la radio, también debió haber un reajuste de la historia original a la narrativa ficcional propia del radioteatro, y si bien no hemos tenido casi referencias de los "queridos oyedores" seguidores de "Jacinta Pichimahuida" en su etapa radial, es probable que allí haya comenzado a pergeñarse la forma que tomarían los posteriores episodios televisivos. De pequeños aguafuertes porteños, de estudiantina primitiva, la maestra de apellido mapuche y sus Baldasarres y Tamayos, pasarían a transformarse en personajes de un largo y amado teleteatro, sin perder nada de su realidad de haber sido, pero ya adquiriendo perfiles nitidos de heroes de celuloide

   Quedaría, sin duda, la historia de Cirilo comprandole el ungüento mágico a dos compañeros estafadores y racistas, pero Fito Zabala no regalaría ya su violeta prensada a Graciela, sino que quien otorgaría el presente sería Strabucco y habiendo desaparecido la pobre Graciela del aula, la emocionada receptora tomaría el nombre de Meche. También usurparía Coco Strabucco, muchas de las aventuras sucedidas a Santa Cruz en persona...pero claro. Don Abel tuvo la modestia de no incluírse en la telenovela y las historias donde él aparecía hubieron de ser reformadas...

   La versión Salazar-Mores, la primera televisada, se mantuvo en su conjunto, bastante fiel al libro original y según cuentan quienes pudieron disfrutarla , fue tierna en un grado que no se vio en sus subsiguientes refritos. Se la tomó como base para "Jacinta Pichimahuida; la Maestra que no se olvida" (1974) y para "Señorita Maestra" (incluímos , como no podía ser de otro modo a "Carrusel", "Carrusel de las  Américas" y "Vivan los Niños", adaptaciones mexicanas de la historia argentina), estas dos ya muy ricas en cambios y hasta delirios en lo concerniente a la narración que había servido de punto de partida al radioteatro y la primera puesta en escena televisiva.

   La más sorprendentemente ficcional de todas las "Jacintas" - exceptuando "Vivan los Niños" , pero estamos hablando aquí de refritos argentinos -  fue la de María de los Angeles Medrano, que pese a ser una de mis favoritas, por momentos estuvo a punto de derrapar a causa de sus contínuas llamadas a la fantasía. No está nada mal rendirse de vez en cuando a la imaginación , pero a veces, los adaptadores del guión se pasaban en lo que a concesiones se refiere. No voy a incluír en ese desliz al famoso capítulo donde Etelvina Baldasarre era secuestrada , el cual debió resolverse como si el secuestro no hubiera tenido lugar, mostrando a una Etelvina despreocupada y feliz en clase al día siguiente, sin dar explicaciones ni ninguna aclaración pertinente. Al parecer, gente vinculada al poder, había llamado al canal para "apretar" a los responsables de su puesta en el aire, argumentando que el secuestro iba a ser "traumático" para los pequeños  espectadores... A mi modo de ver, nada de malo había en mostrar un secuestro siendo éstos moneda corriente en el país en ese entonces...y habiéndose producido, dicho sea de paso, desde la noche de los tiempos, no podían sorpender a nadie el que una hija de un rico integrante de la clase alta argentina fuese privada de su libertad para poder así sus captores pedir rescate.

 

   La ficción "peligrosa" de tiempos de Medrano se orientaba a asuntos bastante más inocentes en apariencia , pero que tornaban el relato en totalmente inverosímil. Esta comenzó a aparecer en "Jacinta..." después de la primera temporada, cuando los espectadores ya la habían consagrado como éxito. Las vacaciones en  Mar del Plata - temporada 1975 - fueron un "piedra libre" para imaginar delirios de todo tipo, desde el descubrimiento por parte de los chicos de un grupo de contrabandistas que traficaban obras robadas, hasta el ingreso en un castillo habitado por peligrosos maleantes...El inicio de la etapa escolar puso pañitos fríos sobre la exaltada imaginación de los autores (Santa Cruz ya no estaba a cargo del ciclo), pero hubo algunas incursiones en ridiculeces de este tipo  incluso durante la asistencia de los alumnos de Pichimahuida a clases (extraterrestres comunicándose con   los humanos por medio de telepatía, más ladrones, pero esta vez intersados en quedarse con los fondos de la escuela y hasta inescrupulosos adivinos cuya finalidad era afanarse cuanto obejto de oro tuviera la gente). Fuera de esto, la versión Medrano es impecable, fresca , simpática y con esos geniales toquecitos de audacia que la hacen única en su género.

   Otras historias como aquella de la niñita que moría de tristeza por no ver florecer su jardín (y estaban en pleno invierno) y a quien los alumnos trataban de engañar buenamente plantando flores de papel que luego se transformarían en flores reales , no deja de tener su cuota de poesía, aunque es claramente inverosimil, pero este tipo de ficciones fantásticas no llegaron a ser moneda corriente en "Jacinta Pichimahuida". Por el contrario, no logró evitarse el ridículo al incluír la historia de Cirilo Tamayo y su pato hablador.

   Mucho más discreta fue en este sentido "Señorita Maestra", la adaptación de los años 80'. Como en las dos anteriores, hubo "Patrulla Salvadora" - la banda secreta sólo para varones, organizada por los chicos del aula de Jacinta - y esta vez el secuestro de Etelvina pudo verse de principio a fin. Se resolvía muy simplemente: la Patrulla Salvadora la hallaba, gracias al concurso de "Rabito", el perro de Anselmi, los maleantes iban presos y la rubia engreñida se veía liberada. También se mantuvo el episodio en el que la mamá de Etelvina era salvada de una muerte segura  por la transfusión de sangre facilitada por la madre de Cirilo...Una gran lección con moraleja, pero ciertamente ausente del relato original de Santa Cruz, ya que las transfusiones no se practicaban aún cuando él asistía a la primaria. Los nombres de los protagonistas de varios de los relatos fueron intercambiados una vez más y   la nena inválida de la casona más señorial del barrio será transformada en Catalina, una estudiante dulce y vivaz a un tiempo, que se curará milagrosamente y entrará a formar parte del conocido rebaño de blancas palomitas.

   En una palabra, mucho se agregó a las verdaderas vivencias de Abel Santa Cruz, si bien la mayoría conserva el espíritu de sus relatos acerca de sus años de escolar y en su conjunto, el relato no ha resultado perjudicado. Meche, Cavallasca, la Jacinta, y el mismo Don Abel nos sonríen desde una descolorida foto en sepia porque gracias a "Patoruzú", a la radio y a la televisión, ellos no han sido olvidados. Ya han entrado con bombos y platillos a la memoria colectiva argentina. ¿Quién no ha oído nunca hablar de Jacinta Pichimahuida, aún sin tener bien en claro de quién se trata? Y esto no es ya ficción , señores. Se trata de algo real...¡Bien real!

Vanesa.

FOTOS. 1- El elenco de "Jacinta Pichimahuida" en Paraguay, en los años 60. Aquí vemos a Silvia Mores, quien había suplantado a Evangelina Salazar como Jacinta, por esos tiempos y a Mirta Cerliani (Carmen Caricati), Omar Elizarán (Palmiro Cavallasca), Daniel Lago (Fito Zabala), Cristina Gastaldi (Meche Ferreyra) , -quien está junto a ella parece ser María Elba Cantarella, que hacía de Carola Quiñones, aunque no estoy segura - y Oscar Ferreyro (Coco Strabucco). Fuente: Colección privada de Cristina Gastaldi 2-Carlos Pamplona (Efraín) y María de las Angeles Medrano, con actriz no identificada. Jacinta y Efraín habían asistido a la sesión de una adivina para desenmascararla. Fuente: revista de fotonovelas "Jacinta Pichimahuida"- 1975 3- Maria Fernanda Storino (Catalina Acosta), Ana Tuny (Azucena Flores) y Andrea Rodríguez (Bibi Schmidt). Fuente: Album de figuritas "Señorita Maestra". 1984.

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Comentarios Jacinta Pichimahuida; entre realidad y ficción

por favor Vanesa, podes darme una entrevista. Estoi a investigar la maestra Jacinta Pichimahuida. Mandame coreo eletronico.
Lucy Lucy 08/05/2015 a las 23:05

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