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¿Las darán...no las darán?

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  "...¿Las darán...no las darán?..."

 

    Cada año, después del 9 de Julio, los chicos argentinos se hacían esta pregunta . Hace añares tenemos internalizado el hecho de que las vacaciones de invierno existen, son tan tangíbles como las de verano y más tarde o más temprano, llegan. Es una recreación merecida, esperada después de una ininterrumpida carrera tras divisiones, análisis sintáctico, datos históricos y geográficos, abdominales, corcheas y pintorescas creaciones con papel glacé o crayones derretidos. Estudiar es necesario, pero para todas las cosas hay un lugar y los chicos piden a gritos "¡la hora, referí!" cuando los ecos de la fiesta de la Independencia se apagan y las ganas de atorrar un poco se imponen.
    Sí, más tarde o más temprano, el Ministerio de Educación marca la fecha de aquel ansiado relax de dos semanas y los estudiantes sus piran de satisfacción. Sin embargo hubo un tiempo en el que las vacaciones de invierno podían no aparecer, dejando entonces al alumnado muy desilucionado. En la década del 20, cuando nuestros Meche, Cavallasca, Cirilo y Etelvina estudiaban en la escuela Roca, con Jacinta Pichimahuida al frente de la clase, este interregno que ayudaba a sportar el año lectivo sin desfallecer hasta las vacaciones de verano, las de invierno sólo se daban si la situación así lo justificaba. ¿Qué queremos decir con ésto? Simple: si no había epidemias de gripe, sarampion, varicela , escarlatina y otras calamidades propias de la estación, las dos semanitas de "dolce far niente" quedaban suprimidas del calendario escolar.

  

 

      Por supuesto, esto no ocurría casi nunca, porque como es bien sabido, el invierno suele traer su cohorte de enfermedades, no porque en sí sea una estación jodida, sino porque la gente tiene tendencia a salir a la calle o muy desabrigada o excesívamente emponchada y esas variaciones térmicas no le hacen nada bien a nuestros cuerpos. Y ahí aparecen los estornudos, toses, dolores de cabeza , fiebres y manchas en la piel. Entonces, las autoridades ante el estado de la situación, decretaba dos semanitas de solaz.

 

  La contrapartida a tanta incertidumbre es que a veces, el plazo se alargaba y las esperadas vacaciones duraban más de quince días. Quizá hasta "un delicioso mes", al decir de Abel Santa Cruz. La desgracia ajena, en ese caso, era disfrutada voluptuosamente por los chicos sanos o con ligeros resfríos, pues eso significaba alargar el descanso hasta límites insospechados. Pero como todo en esta vida, se daba también un "cara y seca"  en esta reluciente moneda: era necesario hacer los deberes para la ocasión...Los deberes de las vacaciones. Estos eran infinitamente largos y farragosos, pensados para quince días o 30, pero los purretes, dejaban la cosa para último momento, despachándolos rápidamente unas horas antes de irse a dormir el día anterior al reinício de las clases. Jacinta Pichimahuida, en uno de esos raptos de docente sagaz que le eran propios, cuando sus alumnos estaban en cuarto o quinto grado -Santa Cruz no lo especifica - , decidió no dar tarea para esas vacaciones . Por supuesto, la notícia fue saludada con una salva de aplausos, si bien Canuto Carsio se encargó de disparar su flecha de acibar con un amargo comentario irónico: "¡Bah! No da deberes para no tener que corregirlos después!". No importaba...No habría problemas de reglas de tres simples a resolver, ni composiciones que escribir, ni mapas que confeccionar...¡Las vacaciones serían un disfrute absoluto, un recreo largo renovado para todos aquellos chicos y chicas del aula de "la Jacinta"!

 

    Las vacaciones de invienro vuelven a llegar este año...Y hoy como ayer los pibes van a disfrutar de dos semanas de dormir largo por la mañana, de tomar tranquilamente el desayuno sin nadie que los corra, de jugar en la plaza a la pelota o simplemente mirar su dibujito favorito tirados en la cama. La urgencia de los deberes no estará allí para arrancarlos de sus diversiones y podrán aprender otras cosas, a su manera, sin necesidad de sentarse ante un banco de escuela y cargar la mochila de libros cuyo peso y el de los ladrillos macizos es casi equivalente. Si tienen la suerte de visitar alguna província , se encontrarán con otra cara del país, desconocida por ellos; si se quedan en casa, podrán conversar con sus padres acerca de cuando ellos mismos eran chicos, de sus historias personales, de aquellas viejas vacaciones de invierno. El aprendisaje siempre está, aunque a veces   parezca ni rozarnos.
    En tiempos de "la Jacinta", Cirilo, Meche, Fito, Carmen, Abel Santa Cruz, disfrutaban en la plaza del barrio (en este caso, supongo sería la Plaza Lavalle, justo frente al colegio), jugando a las figuritas, pateando un poco la infaltable "número cinco" , ensayándose en "la payana", saltando a la soga, persiguiéndose al ritmo de la "mancha venenosa" y conversando sentados en los umbrales de sus propias casas.  Alguna tarde, acompañarían a mamá a la calle Florida o a hacer alguna compra en "Harrods" El tiempo corría sin prisa y sin pausa. El biógrafo pondría "matinées" todos los días, especiales para los chicos, pero aún no era tiempo de obras de teatro infantiles, rubro casi inexistente hasta bien entrados los sesenta.  El zoológico, como ahora, reventaba de público infantil, pero seguramente no se encontraban en las calles las verdaderas multitudes propias de hoy en día por estas fechas...La afluencia de gente del interior a la capital no era tan masiva como en estos tiempos. Mi madre, por ejemplo, solo conoció Buenos Aires, a los doce años.
    Abel Santa Cruz reconoce que algo quitaba un poquito de ese sabor embiagador propio de las vacaciones el su caso. El asistía a la escuela en turno tarde y envidiaba buenamente a los del turno mañana, quienes disfrutaban, durante quince días, de una circunstancia completamente natural para él: dormir a su sabor por las mañanas durante aquellos quince días
    Una vez más, llegaron las vacaciones de invierno; una vez más, chicos y chicas dejan de lado libros y madrugones insensatos por unos días. Es ya un folklore instalado en la estudiantina nacional...¡Ojalá no regrese nunca aquel tiempo en el que se esperaba ansiosamente una epidemia para disfrutar de un descanso de apenas dos semanas! ¡Ojalá nunca más, los chicos deban hacerse la angustiante pregunta: "¿Las darán?...¿No las darán?"

 

                       Vanesa.
FOTOS: 1- La calle Florida en los años 20' 2- Avenida de Mayo en tiempos de Jacinta Pichimahuida. 3-La escuela Roca un poco antes del ingreso a ella de Abel Santa Cruz como estudiante.  
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